Conocer y convivir en el barrio es un entrenamiento cognitivo muy conveniente”

Deterioro cognitivo, Envejecimiento activo, Envejecimiento saludable, Paisaje construido, Personas mayores, Sostenibilidad ambiental, Vinculación al lugar

 

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Fotografía de Andrés Flores Alés

Entrenar las capacidades de atención y concentración es posible, utilizando el barrio como texto, pretexto y contexto. Salir a la calle y moverse por el lugar en que vive la persona mayor, satisface las necesidades del día a día y le permite elegir y recrearse en actividades que mantiene desde hace mucho tiempo o que acaba de descubrir.

Buscar un establecimiento, localizar el número de una calle, explicarle a alguien lo que tiene pensado hacer ese día, informarse sobre cómo llegar a un lugar a una hora determinada, comprar alimentos o ir a cortarse el pelo se convierten en tareas prácticas, que le ayudarán a mantener la autonomía personal y a eludir la dependencia innecesaria y/o autoinfligida.

La persona mayor debe cubrir sus necesidades, llevando a cabo por iniciativa propia, y tal vez en otros casos apoyados por sus familiares y amigos, todas las tareas que sea capaz de realizar, sin que olvidemos que, el hacerlas por él, es una manera de invalidarle y de contribuir a un mayor y más rápido deterioro funcional, aunque no sea esa la intención. Hay amores que matan.

Los apoyos de  los servicios comunitarios y los conocidos del barrio  son recursos que  harán que el vecino mayor se sienta independiente, además de seguro, valioso y apreciado.

Tal vez haya oído la narración del águila joven que vivía en el corral con las gallinas. Voy a contarla una vez más, esta vez para incidir sobre el hecho de que la persona mayor debe permitirse tener voluntad de cambiar, porque si lo que espera es ser motivada por otros (con la de prejuicios  que hay), será difícil que levante el vuelo. Vayamos al cuento:

Un granjero encontró la cría de un águila real a la que habían dado muerte unos desalmados. La alimentó y protegió en el corral donde tenía gallinas, con la buena intención de que se sintiera acompañada de otras aves.

La joven águila aprendió de ellas a escarbar el suelo, a picotear y a cacarear. Un día alzó la cabeza y se fijó en un ave que sobrevolaba planeando majestuosa por encima de la montaña.  Le preguntó a una de sus compañeras de corral de qué animal se trataba y esta le dijo: “Es un águila real, ella es la reina de las aves pero ¡tú y yo somos diferentes!

Cuando nos referimos a la persona mayor como viejo, vejete, abuelo o yayo, y cuando hacemos y decidimos las cosas por él, lo vemos como incapaz y devaluamos su propia naturaleza. Es posible que alguna persona mayor no se sienta vejada y si reconocida, pero por si acaso pregúntele antes de actuar o utilizar algún de apelativo cariñoso o ademán de confianza que no viene al caso.

Estas actitudes prejuiciosas hacia la persona de más edad suele verse como trato educado, adecuado y apreciativo, pero inducen a pensar que los mayores son y deben sentirse diferentes, en desventaja respecto de las personas más jóvenes y sin suficiente capacidad ya para planificar su vida, secuenciar y organizar la información, extraer información relevante, comprender el lenguaje abstracto o razonar sobre lo que ven. ¡En fin que es mejor que deje hacer a otros, qué ya bastante ha hecho en la vida!

Pasear, comentar acontecimientos y sentirse conocido y reconocido por sus vecinos, reforzará su curiosidad y activará sus neuronas. Si lo que ve y oye le gusta se sentirá cómodo, y si por el contrario le desagrada la situación indagará, reestructurará sus creencias y practicará la regulación emocional, lo cual es muy conveniente para vivir confortablemente en este mundo.

El dejar a la persona desinformada o inactiva para que no se preocupe o sufra, no suele tener un efecto protector sino más bien destructivo. Tal vez la distorsión de la realidad que percibimos  se deba al sesgo de la información que sutilmente se le proporciona. Tal vez no ser informado adecuadamente sea lo que contribuya a que no se percate convenientemente de las situaciones en las que está inmerso. Por eso considero que le conviene más callejear y curiosear  que estar confortablemente alejado del mundanal ruido.

El problema no es que le mientan, sino que se lo crea. Por eso es importante que la persona de edad preste atención a lo que le rodea y no baje la guardia.

Continuará…

Próxima entrada: “Participar también es cosa de mayores”

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