“Participar también es cosa de mayores”

Envejecimiento activo, Envejecimiento saludable, Inclusión de las mayorías, Participación ciudadana, Sostenibilidad ambiental
perro-con-gorrito

Encontrado en las redes sociales

Esta entrada la inicio sin más preámbulos hablando de los prejuicios en relación a la persona mayor. En el edadismo (discriminación por la edad), ocurre como con el machismo o el sobrepeso: no se ve a la persona capacitada o se considera que sus campos de intereses son reducidos, por lo que se deja de contar con ella o se la cosifica.

Es posible que se haya reído con la foto que la ilustra. El tejer a ganchillo es una labor muy entretenida y útil que hace gente de cualquier edad; en cuanto al gorro creo que le queda muy bien al perrillo. Pero me gustaría comentar el pie de foto. Al igual que Laura Viñuela, que ha sido vituperada por analizar con sus alumnos el trasfondo machista de las letras del cantautor Joaquín Sabina, mi intención no es censurar sino reflexionar sobre los prejuicios y reconocer las sutilezas que los enmascaran.

El prejuicio hacia la persona mayor es reciente y no demasiado mal visto. Y digo esto porque enraizaron en nuestra cultura no hace mucho tiempo. Antes el anciano gozaba de más consideración.

El primero que referiré es el prejuicio moderno simbólico de Zinder y Sears (1981) y McConohay (1986) que incidía sobre el hecho de que las personas del estudio, no consideraban que trataban con recelo a los afroamericanos por cuestiones raciales, sino porque no aceptaban los valores imperantes. El segundo hace alusión al racismo aversivo analizado por Gaertner y Dovidio (1986), en el que se asumen sobre el grupo los principios de igualdad y tolerancia, pero debido a las imágenes negativas socializadas culturalmente acerca de grupos minoritarios, existe cierta aprensión o aversión a la hora de relacionarse con ellos.

Desde una perspectiva europea, autores como Meertens y Pettigrew (1992, 1997) entre otros, preferían hablar de prejuicio manifiesto y prejuicio sutil para referirse a las mismas cuestiones. Las personas con prejuicio sutil hacia un determinado grupo no son conscientes de su arbitrariedad y de las conductas discriminativas que dicho convencionalismo puede llegar a producir, cumpliendo una función enmascaradora y justificadora de la exclusión social y la discriminación.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, en un documento sobre “Vejez, negligencia, abuso y maltrato” ya en el 2004, hacía alusión a la influencia social como base de las actitudes prejuiciosas en el cuidado del anciano: “Si el conjunto de la sociedad no respeta y atiende correctamente al mayor, quienes trabajan con ellos participan inconscientemente de esta percepción y conducta colectiva, aunque conscientemente manifestarán una voluntad de superar esta influencia”. Más adelante la sociedad antes citada explicaba que el panorama es desolador, debido a que la motivación profesional y los conocimientos específicos sobre los mayores eran con frecuencia inexistentes y que los profesionales que accedían al trabajo lo hacían de manera casual y cuando no había otra opción, ya que consideraban que el trabajo era muy duro (indefinición de los contenidos laborales, corporativismo, falta de reconocimiento laboral, desprestigio profesional, bajos salarios y descontento laboral, falta de recursos institucionales y deficiencias en la gestión de los servicios tales como improvisación, falta de especialización, etc.).

¿Está la participación social de la persona mayor influenciada por los prejuicios? Considero que es una actividad de la vida diaria que se debe fomentar sin maliciar y que es conveniente aprender y practicar, para mantener la autonomía personal y capear la dependencia. Creo que es en los lugares de proximidad, donde se puede ejercitar preferentemente, esperando que con el tiempo se convierta en una actividad vital diaria.

Actualmente los jóvenes hablan de participación, pero está claro que no solo les incumbe a ellos. ¿Por qué no se promueven entonces acciones eficaces para fomentar la implicación del anciano en los asuntos de interés? Está capacitado para impulsar, colaborar y participar en proyectos de instituciones públicas y privadas pero apenas se le convoca, ni se le anima con ahínco y constancia. No se le espera como mayoría. Es rara avis. Son pocos los que salen en la foto y casi siempre por alguna hazaña que les hace diferente de su grupo normativo.

No, si por mí no hay problema pero es que…

Animarle a que colabore programando actividades inclusivas desde el propio barrio puede llegar a ser muy efectivo. La falta de acciones de este tipo es una actitud prejuiciosa y a veces interesada que conviene revisar y combatir, pero que sobre todo denota el escaso interés que se tiene por contar con la persona mayor en actividades que le haga progresar, más allá del ocio y el divertimento, frecuentemente trasnochado y rancio, al que se le margina.

Para que la persona mayor desarrolle acciones que incidan sobre la convivencia y el bienestar comunitario, debe de ser informada y establecerse alertas que le recuerde cuales son los beneficios de asistir y participar en las actividades que se programan en la comunidad, con el objetivo de implicarle y hacerle sentir valioso.

Que recuerde la fecha y el lugar donde se celebra algún acontecimiento de interés y que haga llegar esa noticia a otros, es ya de por sí un entrenamiento cognitivo y emocional de gran valor.

Actividades formativas, culturales y sociales , en las que tenga que esforzarse, solucionar y aportar destrezas que vayan más allá del simple pasatiempo, facilitará la vinculación al lugar, haciéndole adquirir una significación especial de lo realizado. Las diferentes tareas practicadas asiduamente le ayudarán a conservar la funcionalidad.

Difundir las gestiones en las que una persona mayor participa  para la mejora de la comunidad, no solo como noticia de un día en los periódicos, ni con grandes alharacas, ayudará a cambiar la  mentalidad de todos (incluidos los mayores) respecto de la capacidad que estos tienen.

En un artículo de prensa de José Antonio Marina filósofo, escritor y catedrático de instituto, sobre el estado de emergencia educativa actual hablaba de que el aprendizaje necesita restituir la recuperación de la voluntad y la rehabilitación de la memoria como factores de optimización del modo de aprender. Los principios que rigen el aprendizaje no distinguen jóvenes de viejos que yo sepa, así que hay que aplicarse el cuento.

Cualquier programa de envejecimiento activo debe incidir en que la persona mayor tome la iniciativa y ejercite la voluntad sobre sí mismo y en el lugar apropiado. Es además una manera de cuidar el ecosistema y hacerlo sostenible, pues no debemos olvidar que el barrio es un paisaje construido.

Continuará…

Próxima entrada: “Toma posesión del lugar en el que vives”

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