Toma posesión del lugar en el que vives

Gentrificación social, Paisaje construido, Sostenibilidad ambiental, Vinculación al lugar, Visibilidad del vecino mayor
Jacek Yerka

Jacek Yerka

 

 

El mejor lugar donde un anciano puede vivir, salvo excepciones, es en su casa. Desplazarlo y extrañarlo por un cambio de residencia, no suele tener buenas consecuencias sobre la percepción de su salud.

La situación debe examinarse detenidamente, ser vista con sus propios ojos, meterse en su pellejo, aliarse con él hasta que se encuentre la mejor solución. En el caso de que no pueda valerse y requiera atención especializada, habrá que tener muchísimo cuidado con los cuidados que se le ofertan, pues cabe la posibilidad de que creamos erróneamente que nos estamos poniendo en su lugar, cuando lo que realmente estamos haciendo es defender nuestra posición de manera prepotente y con escasa sensibilidad hacia lo que necesita y quiere hacer con su vida doméstica.

El psicólogo Paul Bloom, profesor de la universidad de Yale, arremetía en su último libro contra la empatía emocional, considerándola como una de las peores guías posibles para las políticas públicas. Él defiende el concepto de compasión racional que nos llevaría actuar con ética, con compasión, con amabilidad, con ternura, con muestras de ser buenos vecinos y haciendo lo necesario por hacer del mundo un lugar mejor”. A las personas mayores les iría mucho mejor con esta otra visión empática, no les quepa la menor duda.

La ley 39/2006 Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, mal llamada ley de la dependencia, es la que ampara la obligación de atender las necesidades de aquellas personas que, por encontrarse en situación de especial vulnerabilidad, requieren apoyos para desarrollar las actividades esenciales de la vida diaria, alcanzar una mayor autonomía personal y poder ejercer plenamente sus derechos de ciudadanía. Pero ser mayor no es una enfermedad. Ser mayor no es ser dependiente. Ser mayor requiere de la promoción activa de la autonomía.

José Manuel Ramírez profesor de Trabajo Social que se ocupa del Observatorio Estatal de la Dependencia y la Docencia en la UMA, decía en una entrevista publicada en un diario local, que había que “luchar por una vejez digna y con una asistencia pública en la casa, sin aparcaderos» y que habría que hacer una planificación estratégica para atender a esas personas para lo cual sería conveniente establecer un sistema más solidario”. Proseguía argumentando que “El modelo sanitario y el modelo de residencia con esquemas clínicos no es ni sostenible económicamente ni humanamente ético y propugnaba un modelo, basado en atenciones para envejecer con dignidad en el hogar, en el sitio donde se vive.

Practicar las actividades de la vida diaria en el propio barrio y no solamente de manera simulada ante un ordenador o cuaderno de ejercicios tiene enormes ventajas de orden práctico, si lo que queremos es la vida plena y no la vida plana de la persona mayor.

Por eso abastecerse de lo necesario para alimentarse, medicarse, asearse y relacionarse con personas en un entorno amable y conocido es muy importante si se quiere seguir siendo independiente, aunque aparezcan ciertas limitaciones a su funcionalidad y se les haga esforzado y cuesta arriba vivir el día a día.

Contar en el barrio con un lugar donde preguntar, comentar y resolver de manera particular y efectiva cómo pueden permanecer en sus casas es un derecho social. Boamistura, un grupo de artistas urbanos, lo han escrito para que no lo olvidemos, en las vallas del colegio que hay en una de las calles del barrio: “El poder de la imaginación nos hace infinitos”.

La búsqueda de soluciones centradas en su bienestar y en el de otros se convierten en acciones en las que trabajarán los aspectos cognitivos y motorices. Hacerse con el lugar es una manera de ejercitar la autonomía personal y alejar la dependencia. Es un derecho ganado a pulso ¡Dejémosles que tomen posesión indefinida de sus casas y  empoderados en un barrio al que se sienten vinculados!

Se trata de observar las necesidades de los vecinos mayores y hacer de su autonomía un objetivo prioritario, de focalizar la atención en el factor humano y de dotar de unos servicios de apoyo, comunitario en el propio barrio.

En una frase atribuida a Thomas Alva Edison este opinaba que “La gente que dice que no se puede hacer no debería interrumpir a quienes lo están haciendo”. Se trata de cambiar algunas prácticas obsoletas en el modo de atenderles y tratar de guiarse por procedimientos menos costumbristas y manidos.

Continuará…

Próxima entrada: “Hacer lo que nos incomoda tiene sus ventajas”

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